RECUPERAR LAS COSTUMBRES Y TRADICIOINES

Voy a transcribir un artículo de Fernando Romanos Hernando, en el que hace referencia a la importancia que tiene en un pueblo, saber conservar las costumbres y tradiciones, y si se han perdido lo gratificante que es trabajar para recuperarlas. En Campo, no es  una tarea fácil ni sencilla,  por haber estado demasiados años sin que hayamos dedicado ni un solo minuto en cuidarlas y restablecerlas. Son muchas las costumbres y tradiciones  que tenían nuestros abuelos, por eso que sabedores de la dificultad, tenemos que abordar el tema con mucho ánimo y cuanto antes mejor.

Yo creo que vale la pena trabajar en ello, por el bien de Campo y por el debido respeto a nuestros antepasados,  además  que tenemos gente ilusionada y dispuesta para acometer  esta tarea de recomposición,  que estoy seguro será muy gratificante, por mucho trabajo que nos cueste.

A  modo de hacer un capitulo de intenciones o prólogo de lo que se debería hacer, voy a transcribir el artículo mencionado de Fernando,  que explica magistralmente, la importancia y relevancia que tiene el saber conservar las tradiciones de un pueblo dice así:

Estamos en la cultura del consumo y del espectáculo, frente a la cultura tradicional basada en el ahorro y la participación. El hecho de suplantar una cultura por otra esta suponiendo la misma suplantación de los valores que la sustentan y de las causas y mecanismos que crearon esa cultura tradicional.

Cuando los antepasados crearon un conjunto de mecanismos de relación, de organización de la vida, de relación con el entorno, de disfrute y a veces sufrimiento de lo cotidiano, lo hicieron con una finalidad concreta;  cada fiesta, cada baile, cada rito obedecía a una causa, a una situación de necesidad percibida socialmente, y a la cual era necesario dar una solución que permitiese la continuidad estable de la vida en comunidad. Se trataba de un equilibrio vital que requería de actuaciones para mantenerlos sumidos por  todos y que se seguían repitiendo porque la  necesidad persistía pero la realización del rito, satisfacía o cubría dicha pulsión.

La nueva sociedad de consumo, urbana, individualista, desvirtuada de muchos valores, ha mantenido alguna de las tradiciones pero ha perdido la noción de la causa, de la necesidad, de la razón por la cual se hacía esa fiesta, ese ritual, ese baile, con lo cual ha quedado fosilizado como mero hecho folklórico mal entendido, es decir como un elemento de espectáculo para ser observado, para ser consumido como otro bien o servicio mas.

La necesidad social que originariamente cubría ha sido cambiada por la satisfacción de una necesidad de consumo, con lo cual pocas posibilidades de pervivencia  tiene  en competencia con otros bienes y servicios de mayores prestaciones. Pero resulta que a pesar de que los teléfonos móviles zumban ya habituales en nuestra sociedad, los ordenadores son una prolongación de nuestros dedos, internet es el patio de casa (donde ni llueve, ni se moja, ni es particular, ni necesita llaves…) a pesar del  ratio habitante coche, los canales digitales, el euro y la integración, el AVE… a pesar de todo esto y mucho mas que hay o esta por venir, las personas, siguen siendo personas, no han evolucionado como tales y siguen teniendo las mismas necesidades vitales, individuales y sociales que dieron origen al nacimiento y creación de  las tradiciones, las personas siguen teniendo necesidad de socializarse, de buscar su identidad, de vencer sus miedos, de ser gregarios, de comunicarse, de buscar pareja, de ser feliz en definitiva.

Y si el ser humano tiene en el fondo las mismas necesidades que dieron origen a la tradición, que se  creó para cubrir dichas necesidades, solo podremos mantener las tradiciones como tales, si sabemos darles los mismos usos para los que se crearon, si no perdemos la memoria histórica de su finalidad intrínseca,  de esta forma, las tradiciones serán nuestras, y las transmitiremos como parte de nuestra cultura porque nos sirven, porque cubren necesidades fundamentales para alcanzar nuestra felicidad, sino, serán meras representaciones, no asumidas colectivamente, y que son interpretadas por unas personas, para que otras las consuman, dependiendo su conservación de la mera ley de la oferta y la demanda y el empeño de unos de salvar algo que no se sabe muy bien porque se sigue haciendo, pero algo les dice que no debe perderse.

La tradición sirve para satisfacer necesidades humanas vitales, tanto individuales como sociales, necesidades que se  han mantenido generación tras generación, y que ahora mas que nunca se llegan a sentir más, si en su origen sirvieron, ahora nos pueden servir, si sabemos mantenerlas, no como un espectáculo sino conociendo realmente su funcionalidad y el origen de las mismas, adaptándolas eso si, a la nueva realidad mas cambiante.